Cuanto
mas pensamos en la vida, mas escudriñamos en las cosas que verdaderamente
importan y realmente nos damos cuenta como hemos sobre valorado algunas cosas
banales. Existe tanto afán en el mundo actual por conseguir cosas, que la
existencia se desgasta en eso, en eso y nada más, tanto así, que justo cuando
pensamos que disfrutaremos eso que tanto ha costado conseguir nos encontramos cansados
en muchos de los casos el desgaste emocional o físico ha llegado a quitarnos
algo de alegría y de satisfacción.
La necesidad de encontrarnos mas
cerca de lo que es el “deber ser” del individuo actual promedio, puede
convertirse en una tarea agotadora en verdad, pues muchas veces, hemos ordenado
de forma incorrecta el orden de prioridades en ese pensamiento. Aunque
consideramos neurálgica la formación de la familia como lógica y necesaria en
la sociedad, poco se invierte en sus fundamentos; así como somos proclamadores
de valores que cada vez se distorsionan más y atenúan ante una sociedad
permisiva y libertina, cosa bastante alejada de lo que es la libertad en la
convivencia sana.
Muchas veces mientras sentimos ser
victimas de esa ausencia literal de valores en la familia, somos los que
admiramos casi pasmados en la televisión programas que deforman lo que es la
relación entre los individuos o desvalorizan a la mujer, por citar un repetido
ejemplo; así como somos los que mas demandamos respeto pero no estamos
dispuestos a dar los buenos días o a pedir disculpas puesto que el tiempo camino
al trabajo cada mañana apremia y eso solo nos retrasaría.
La cuestión esta en reflexionar
sobre como somos seres demandantes de cambios, nos cuesta tanto iniciar el
propio en nuestra vida, uno que no erradique quienes somos, pero si quienes
podemos llegar a ser y como podemos mejorar la convivencia si nos distraemos
menos de la meta, que es una vida mas placentera como satisfactoria para
nosotros y nuestro prójimo; de que valdría tenerlo todo incluyendo el supremo
estatus social si no tenemos familia ni amigos con quienes compartir esa dicha,
ya que en el camino al “éxito” nos hemos quedado solos.
La invitación es a realizar un
análisis no de la sociedad, puesto que seria muy grueso, sino de nosotros
mismos, detallándonos como individuos, como seres cargados de defectos y
virtudes que podemos corregir y mejorar, cuando nos disponemos realmente a
cambiar para bien, tomando en cuenta que la felicidad no es un estado final,
sino una actitud que nos puede llevar a la verdadera plenitud. En este camino
aprendemos a valorar la grandeza en la pequeñez de los detalles y la bondad de
Dios en nuestra vida, que solo es un aprendizaje desde el inicio hasta el fin
de la misma.
Sarah Belén Andara Bastidas
Hermosa reflexión, en estos tiempos de crisis, realmente necesitamos personas que se sumen en la lucha por recobrar el equilibrio social, cuyo discurso este dirigido a resaltar los valores e incentivar la paz, que lógicamente comienza por un proceso de conocimiento y transformación en el individuo.
ResponderEliminarErcida Sandrea