DESDE
MI VENTANA
De niña me gustaba asomarme a la ventana, era
una manera de contactar con el mundo exterior, escuchar el ruido de los autos,
ver los transeúntes caminando de prisa por las aceras de las calles, los miraba
y me imaginaba la historia de cada uno de ellos, el vendedor de helados, el
niño tomado de la mano de la señora camino a la escuela, el bodeguero
buscándole conversa a la dama de la esquina, a la que de tanto en tanto piropeaba.
Esa era mi comunidad, mi pedacito de patria, mi amada Venezuela.
Hoy siento una enorme tristeza, porque a través de mi ventana tengo que observar con dolor los pedazos de
una patria herida, fragmentada, sangrante y lo que es peor, la indolencia de
quienes día a día a través del discurso siguen sembrando odio y división, la
confrontación, la intolerancia, la falta de respeto a la integridad humana, el
vocabulario vulgar, soez, "con grandes palabrotas" utilizado a través
de la televisión, coloca nuestra cultura en entredicho ante los ojos del mundo.
Nos han puesto etiquetas, dejamos de
ser ciudadanos venezolanos, porque o somos de un bando o del otro, se han destruido hogares, matrimonios, se han
perdido empleos y hasta la vida en acaloradas discusiones por asumir una
determinada posición. El ciudadano común, con independencia ideológica
pareciera no tener cabida en este país, se les llama ni nis, y no son aceptados, son rechazados por los
seguidores del oficialismo, acusados de ser escuálidos, oligarcas, pero también
son rechazados por la oposición y acusados de ser chavistas disfrazados,
traidores, vende patria, descerebrados. Ya no se practica la tolerancia, la
capacidad de análisis, la objetividad, no se miran como contendores sino como
enemigos, se siguen líneas de ambos lados y se practica la obediencia a ciegas
sin objetar y sin hacer cuestionamiento alguno.
Es tiempo de despertar, de retomar los
valores, de reconstruir nuestras familias y hogares, de reconciliarnos con la
comunidad, de que la iglesia retome el rol que le corresponde y el ejercito
esté al servicio y resguardo de la Nación, que respetemos la ideología política
del otro y podamos hacer críticas constructivas sin ofensas y sin violencia.
Porque vivimos en la tierra que nos vio nacer y la patria que aprendimos a
querer desde niños, todos estamos
llamados a reconstruir a Venezuela. Lo más importante es reconocer que existe
un grave problema que nos atañe a todos y que el verdadero cambio empieza por
nosotros mismo.
Realizado por: Ercida Sandrea Perozo
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