EL
DOCENTE COMO LIDER Y SU PAPEL EN EL DESARROLLO COMUNITARIO
La preocupación por una
pedagogía social desde fines del siglo pasado y en lo que va de este siglo, ha
señalado a la escuela y al maestro tareas que no pueden eludir. La escuela se ha convertido en una agencia
activa de la comunidad y el maestro, como la persona de mayores conocimientos e
iniciativas, vino a ser, por efecto de la dinámica social, el líder de aquellas
comunidades que despertaban a la vida. Cuando un maestro pretende por sí mismo,
lo que otros dentro de la comunidad pueden hacer mejor que él, estará desperdiciando una cooperación
indispensable y fomentando la irresponsabilidad social.
En este sentido, el sistema
educativo tiene por misión explícita o implícita preparar a cada docente para
este cometido social, en las complejas sociedades actuales la participación en
el proyecto común rebasa ampliamente el ámbito político en sentido estricto. En
realidad cada miembro de la colectividad debe asumir responsabilidad para con los
demás de forma cotidiana, en sus actividades profesionales, culturales,
sociales y de consumidor.
En las instituciones
educativas los docentes deben incluir en su planificación el entorno de la
misma, capaz de integrar lo educativo y social, dando la posibilidad de
solucionar problemas tanto de la praxis pedagógica como del entorno. Así, puede
encontrarse en la investigación social la herramienta básica para interactuar
en el aula y el entorno inmediato a esta, con el propósito de orientar la
formación holística del individuo, estas características deben estar
intrínsecas en los docentes que se encuentran vinculados con educandos,
representantes, y demás miembros de la comunidad.
El docente como gestor
social y líder transformador, tiene un alto grado de compromiso significativos
en la mejora de la calidad de vida en las comunidades, para que haya o se logre
un verdadero cambio, el docente debe sentir pasión en su labor diaria,
empoderarse de ese proceso educativo de participación social familia-
escuela-comunidad, por consiguiente hay
que preparar a cada persona para la participación, informándoles y orientándoles
a conocer sus derechos y deberes, así también desarrollar sus competencias
sociales y fomentando el trabajo en equipo en la escuela ya que la preparación
para una participación activa en la vida comunitaria se ha convertido en una
misión educativa.
El docente de hoy, debe
asumir, con altura y espíritu crítico y alternativo, las predicas que desde el
poder se enarbola, no para hacer politiquería, sino para darle la verdadera
trascendencia a su labor; orientadora, formadora, humanista y ejemplar,
haciéndola corresponder con los ideales de construir una sociedad humanamente
superior.
Tan grande como compleja y
diversa es la función del docente de hoy, que bajo ningún concepto puede
permitir que se le enclaustre en un aula, una metodología, un sistema, o una
dinámica, en la que él no se sienta parte y productor, como agente de cambio, el docente debe ser y
sentirse un líder social ente de respeto
y admiración, transformador de conciencias
y potenciador de cambios.
El trabajo del docente con
la comunidad en la cual se desenvuelve le permite adquirir un sentido de pertenecía más amplio, sentirse
identificado, así como, conocer y vincularse con los miembros de la misma,
conocer sus necesidades y buscar
soluciones viables para un bien común, además, de concienciar a los integrantes
de la comunidad, así como, a los entes
gubernamentales competentes a la misma hacia los cambios positivos que requiere
el colectivo que le permita vivir una vida más sana, productiva, cónsona con la
realidad de hoy en día.
Amarilis García
7967076
UNERMB – Unidad
de Educación Continua
Programa de Formación
Docente
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