martes, 9 de abril de 2013

La Plenitud de la Vida


Cuanto mas pensamos en la vida, mas escudriñamos en las cosas que verdaderamente importan y realmente nos damos cuenta como hemos sobre valorado algunas cosas banales. Existe tanto afán en el mundo actual por conseguir cosas, que la existencia se desgasta en eso, en eso y nada más, tanto así, que justo cuando pensamos que disfrutaremos eso que tanto ha costado conseguir nos encontramos cansados en muchos de los casos el desgaste emocional o físico ha llegado a quitarnos algo de alegría y de satisfacción.
            La necesidad de encontrarnos mas cerca de lo que es el “deber ser” del individuo actual promedio, puede convertirse en una tarea agotadora en verdad, pues muchas veces, hemos ordenado de forma incorrecta el orden de prioridades en ese pensamiento. Aunque consideramos neurálgica la formación de la familia como lógica y necesaria en la sociedad, poco se invierte en sus fundamentos; así como somos proclamadores de valores que cada vez se distorsionan más y atenúan ante una sociedad permisiva y libertina, cosa bastante alejada de lo que es la libertad en la convivencia sana.
            Muchas veces mientras sentimos ser victimas de esa ausencia literal de valores en la familia, somos los que admiramos casi pasmados en la televisión programas que deforman lo que es la relación entre los individuos o desvalorizan a la mujer, por citar un repetido ejemplo; así como somos los que mas demandamos respeto pero no estamos dispuestos a dar los buenos días o a pedir disculpas puesto que el tiempo camino al trabajo cada mañana apremia y eso solo nos retrasaría.
            La cuestión esta en reflexionar sobre como somos seres demandantes de cambios, nos cuesta tanto iniciar el propio en nuestra vida, uno que no erradique quienes somos, pero si quienes podemos llegar a ser y como podemos mejorar la convivencia si nos distraemos menos de la meta, que es una vida mas placentera como satisfactoria para nosotros y nuestro prójimo; de que valdría tenerlo todo incluyendo el supremo estatus social si no tenemos familia ni amigos con quienes compartir esa dicha, ya que en el camino al “éxito” nos hemos quedado solos.
            La invitación es a realizar un análisis no de la sociedad, puesto que seria muy grueso, sino de nosotros mismos, detallándonos como individuos, como seres cargados de defectos y virtudes que podemos corregir y mejorar, cuando nos disponemos realmente a cambiar para bien, tomando en cuenta que la felicidad no es un estado final, sino una actitud que nos puede llevar a la verdadera plenitud. En este camino aprendemos a valorar la grandeza en la pequeñez de los detalles y la bondad de Dios en nuestra vida, que solo es un aprendizaje desde el inicio hasta el fin de la misma.
Sarah Belén Andara Bastidas

1 comentario:

  1. Hermosa reflexión, en estos tiempos de crisis, realmente necesitamos personas que se sumen en la lucha por recobrar el equilibrio social, cuyo discurso este dirigido a resaltar los valores e incentivar la paz, que lógicamente comienza por un proceso de conocimiento y transformación en el individuo.
    Ercida Sandrea

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