Díaz,
N., Castellano, M., Rodríguez, N., Colman, M., Zerpa, I., Ramírez, V.
La
globalización es un tema que ha estado en boga en las últimas décadas, ya que,
como su nombre lo indica, engloba diferentes aspectos mundiales, como lo son la
cultura, política, economía y sistema de valores, generando e influyendo en el
cambio de éstos.
El
proceso de globalización, como intercambio, según Doménico De Masi, se
desarrolla en diez formas, que van desde la exploración del planeta, hasta la
globalización desplegada. Todas estas formas, son el devenir histórico de la
globalización que abarca desde la conquista, la transculturización y el dominio
del mercado capitalista.
Continuando
con los orígenes de la globalización, nos remontamos al siglo XVIII con la
Revolución Francesa, que impregnó con su ideología a diferentes países,
desencadenando las demás revoluciones (americanas, latinoamericanas). Luego, a
finales de este siglo y principios del siglo XIX surge la Revolución de la Máquina
o Revolución Industrial, donde los paradigmas existentes para ese momento
fueron rotos con la utilización de las nuevas tecnologías, esparciéndose y
haciendo de ella una necesidad imperante. A nivel económico, durante este
período se desarrolla plenamente el capitalismo, causando la revolución
económica que hasta hoy afecta a todo el mundo, puesto que con ello se
desarrolló un mercado agresivo de producciones en masa desplazando la mano de
obra.
En
este mismo orden de ideas, nos encontramos con la globalización política que se
da en la primera y segura mundial desde 1918 hasta 1946, y con breve periodo de
“paz” entre ellas, dándose con ellas el dominio alemán para conseguir más
poder, dejando como consecuencia la guerra fría donde muchos países resurgen y
otros surgen por primera vez, integrándose los derechos humanos, volviéndose a
romper el paradigma de la tecnología, avanzando en los medio de comunicación,
intercambios comerciales, entre otros.
En
conclusión, la globalización tiene aspectos positivos y negativos; entre los
aspectos positivos nos encontramos con el fácil alcance de las tecnologías, la
ampliación del conocimiento y el saber, el progreso económico, entre otros. Y
entre los aspectos negativos nos encontramos con la pérdida de la cultura,
alienando al individuo y convirtiéndolo en otro producto masivo.
Sería
pertinente fomentar un fortalecimiento de nuestras raíces o nuestra cultura e
identidad nacional, pero esto queda de parte de cada ser humano, puesto que el
lado negativo de la globalización no depende del fenómeno sino del ser pensante
que lo recibe.