Díaz,
N., Castellano, M., Rodríguez, N., Colman, M., Zerpa, I., Ramírez, V.
Los
signos y símbolos se utilizan desde el principio de la historia, nunca han sido
desplazados del todo por el lenguaje escrito. Como medio de comunicación, han
mantenido sus propias funciones y se han hecho más útiles a medida que ha
aumentado la demanda de la comunicación inmediata.
En
este sentido, se puede decir con otras palabras, que los signos y símbolos son
una vía que nos permiten simplificar el proceso que el cerebro lleva a cabo
para codificar la información, lo cual a su vez conlleva a una captura casi
inmediata del significante. En ese mismo orden de ideas, su uso, permite la
simplificación de sentimientos, y, a su vez, promueve la liberación emocional;
permite determinar las acciones adecuadas y el comportamiento aceptable; así
como el reconocimiento claro, veraz y preciso de un mensaje contenido en una
señal de tránsito que puede preservar la vida en un momento determinado.
Ahora
bien, en ese proceso de comunicación a través de este sistema existen varios
tipos de signos que cumplen con un propósito determinado y fundamental según el
contexto en el cual se empleen; encontrando, por ejemplo, íconos que son
imágenes que guardan una relación natural con lo que representa; las señales,
que son elementos a los cuales se les asigna un significado arbitrario; y, los
símbolos, que son representaciones convencionales para referirse a algo
abstracto.
Tales
signos no lingüísticos son parte de la vida diaria, como una fotografía, dibujo
o mapa que pudiese ser un ícono universal; la luz del semáforo, las campanadas
de una iglesia o el olor del perfume de quien evoca un recuerdo, ejemplifican
señales visuales, acústicas y olfativas, respectivamente; o una paloma con una
rama de olivo que se ha convertido en un símbolo universal de la paz.
Puesto
que se ha dicho que los signos y símbolos son parte de la comunicación diaria,
en cualquiera de sus representaciones, sea a través de imágenes, sonidos,
toques, gestos, movimientos es importante aprender a utilizarlos y sobre todo
en el contexto adecuado para no interferir en la efectividad del proceso
comunicativo, el cual se convierte en una herramienta de aprendizaje tan amplia
y nutritiva que invita a la adquisición de signos utilizados en otros grupos de
la sociedad.
En
este sentido, ampliar la comunicación aprendiendo el método Braille y el
lenguaje de señas, para personas con discapacidad visual y auditiva,
respectivamente, lo cual no solo permitiría romper las barreras que
obstaculizan la comunicación, sino que propiciaría el crecimiento como persona
y como sociedad inclusiva.
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